¿Confiar o no confiar? Esa es la cuestión

El consumo colaborativo se presenta como una gran tendencia en todo el mundo, ¿pero es posible consumir colaborativamente en Argentina?

Tengo una idea de emprendimiento (social, por supuesto), pero soy consciente de que para que el negocio funcione voy a necesitar de la sinceridad de mis clientes. Básicamente, se trata de un resto-bar tipo buffet donde podés servirte lo que quieras, cuantas veces quieras (al estilo de un “tenedor libre”) y después se cobra en función de lo que hayas consumido.

En lugar de recibir un ticket, consistirá directamente en preguntarte qué comiste. De esta forma, tenemos todos los beneficios de que puedas servirte una gran variedad de comidas, sin generar los desperdicios que ocurren cuando se ofrecen bajo un precio unificado.

Entonces, ¿qué hago? ¿Emprendo e invierto tiempo y dinero en esta idea o dejo de flashear ideas ridículas que morirán por inocentes en esta sociedad? ¿Puedo confiar en la palabra de mis clientes?

El concepto de “Consumo colaborativo”

Para ayudarme con la respuesta, se me ocurrió investigar un poco algunos negocios similares o ideas análogas. Di con un montón de actividades económicas o de intercambio de bienes o servicios que basan su funcionamiento en la confianza entre las personas. Conceptualmente, se trata de actividades de Consumo Colaborativo. El término comenzó a popularizarse en 2010 con la publicación del libro What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, de Rachel Botsman y Roo Rogers. Luego se intensificó gracias a una la charla TEDxSydney que Rachel dio el mismo año.

No se trata de nada nuevo. El Consumo Colaborativo, Economía de la Colaboración o Economía del Acceso está basado en compartir, intercambiar, donar o alquilar bienes o servicios. La novedad está en el alcance y escala que estas actividades han alcanzado. Es decir, hasta hace poco, si necesitaba pedir prestada una sombrilla y reposeras para irme de vacaciones a la playa, preguntaba a mis vecinos o amigos.

Ahora, gracias a la magia de Internet, puedo ingresar a una página web, red social o aplicación y escribir: “Hola, ¿alguien me presta, alquila o vende una sombrilla y reposeras para la primera quincena de enero?”. Muy probablemente exista una persona que las tenga tiradas en el fondo del patio y –como no se puede tomar las vacaciones hasta marzo– encuentre una oportunidad de ayudar o agregar valor a esos objetos que lo único que hacen es ocupar lugar en su casa.

Lo que sucede es que la eficiencia de Internet (combinada con un poco de confianza entre extraños) ha creado un mercado de intercambios entre productor y consumidor, prestador y prestatario, y oferta y demanda, que no necesita de intermediarios y maximiza las posibilidades y oportunidades de las transacciones. Se trata de pasar de una economía centralizada (o descentralizada) a una forma distribuida.

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Sin duda, este tipo de consumo es una tendencia que viene instalándose desde 2010 en muchas ciudades del mundo. En Argentina han tenido mucho éxito las plataformas para vender productos usados como Mercado Libre u OLX. Pero vender/comprar no es lo que más me interesa.

El consumo colaborativo acarrea un estilo de vida colaborativo que hace que nazcan sitios donde poder alquilar o regalar bienes, o más interesante todavía, compartir experiencias, proyectos o recursos, donde por ejemplo, puedo ofrecer una habitación de mi casa para hospedar a algún viajante (couchsurfing) o viajar en el auto de un desconocido que ofrece compartirlo (carpooling).

¿Qué tanto consumimos de forma colaborativa?

¿Es posible que esto se desarrolle en Argentina? ¿Nos animamos y confiamos en un conductor desconocido o en dejar entrar a un extraño a nuestra casa? Para responder a eso, desde Nussocial hicimos una pequeña encuesta:

Del total de las respuestas, el 43.7% dijo haber compartido alguna vez un viaje de larga distancia en el auto de una persona desconocida u ofreció su auto para llevar a desconocidos. Del 56,3% restante, solo el 24% dijo que no tendría problema en viajar en el auto de un extraño/a, mientras que los demás, no lo harían por desconfianza a la persona desconocida o a cómo conduce. Las causas por el “Sí” tienen que ver con la posibilidad de abaratar costos y, en segundo lugar, por la preferencia de viajar acompañado/a en vez de solo/a.

Al momento de ofrecer el auto para compartir el viaje también fue la minoría quien dijo que lo haría (32.7%). Respecto a las personas que sí viajaron con desconocidos, es interesante destacar las formas de contacto entre las partes: el 31% dijo que fue “haciendo dedo” en la ruta, el 29% dijo haberse contactado a través de un conocido, el 16% por una red social y el 24% por una página web. Estos números me hacen pensar que acá no necesitamos de la “magia” de Internet ¿no?

La mayoría dijo haber compartido el auto por ser una opción más barata de viaje (73%), mientras que el 11% porque prefiere viajar acompañado. Por otro lado, si bien no estaba entre las opciones de la encuesta, casi un 7% indicó que lo hizo para ayudar en el traslado de la persona desconocida. Lo lindo es que, de los viajes compartidos, el 55,6% dijo que las experiencias fueron excelentes y el resto que fueron buenas. Nadie indicó haber tenido algún problema.

¿Cuestión de género, edad o actividad?

  • 75% de los hombres dijeron que sí compartieron o compartirían un viaje, mientras que en las mujeres dicha cifra fue del 48%.
  • Entre 25-34 años es el rango de edad que parecería tener más tendencia al compartir el viaje (66.7%), luego los mayores de 35 años (62.5%) y en menor medida entre 18-24 años (33,3%).
  • Entre trabajadores/profesionales y estudiantes, los primeros registraron un 71% por el compartir, mientras que en los segundos el porcentaje fue de 44 puntos.
  • Todos los que se subirían al auto de un desconocido, también aceptarían llevar a un desconocido.

Uno de los puntos más positivos que considero que tiene el consumo colaborativo es lograr un uso más intensivo de los bienes. Esto permite un aprovechamiento más eficiente de los recursos limitados y disminuye el impacto ambiental del uso y fabricación de los productos, en pos de un consumo más sostenible.

De los encuestados, solo 2 personas indicaron haber tenido en cuenta la disminución del impacto ambiental en su elección de compartir viaje en auto. Por otro lado, el 84.5% del total elegiría vivir en un edificio con una sala de máquina lavarropas de uso común. Esta práctica –que es bastante común en algunos países– nos permitiría ahorrar en la compra del lavarropas y sobre todo, ahorrar agua en el proceso del lavado. ¿Por qué? Porque las experiencias demuestran que el hecho de que tengas que salir de tu departamento para lavar la ropa significa que vas a juntar la mayor cantidad de ropa posible con tal de moverte lo menos posible. ¿Eso es vagancia? Puede ser. ¡Pero que se gasta menos agua es seguro!

El dilema de la confianza

Volviendo a mi duda inicial de invertir o no en mi idea de emprendimiento, también acudí a la opinión de ustedes como potenciales clientes. A la pregunta de cuánto puedo confiar en que me dirán exactamente todo lo que comieron, el 71% dijo que no mentiría en absoluto. Del 29% restante, 22.3% dijo que mentiría o no dependiendo de la calidad del servicio y la comida. Conclusión, mi negocio va a fracasar.

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El cambio de paradigma del consumo de productos y servicios es obvio y necesario: dejar de comprar objetos que usaremos un par de veces en la vida; regalar, intercambiar o vender cosas en buen estado que ya no usamos; fomentar el compartir actividades con desconocidos, no solo para disminuir costos sino también para conocer gente nueva; compartir e intercambiar experiencias al estilo de los comentarios que dejan los viajantes en las páginas de búsqueda de hospedajes (Booking, TripAdvisor, etc). Todo esto a mí me hace pensar: ¿Por qué la gente comenta?, ¿por qué se toma el tiempo de expresar su experiencia buena o mala? y ¿por qué lo haces vos? O bien: ¿Por qué no lo hiciste nunca? Es buenísimo cómo cada vez más los usuarios/consumidores podemos hacer uso de nuestra palabra para exigir o demandar más de las empresas, productos o servicios que adquirimos.

Del mismo modo, pensemos en YouTube, Wikipedia, Google y tantas plataformas más donde se ofrecen e intercambian recursos con el simple objetivo de compartirlos con el mayor número de personas posibles y así generar reputación. ¿Por qué hay gente que graba tutoriales de cómo aprender a usar un software?, o mejor aún, graban tutoriales de cómo descargar un programa gratis, con el link de la licencia y la clave necesaria para usarlo para siempre. Es una mezcla de piratería con solidaridad, ¿una solipirateria? El mundo confía y se abre a nosotros. ¡No seamos egoístas y hagamos lo mismo!

El consumo colaborativo en Argentina

Las áreas más desarrolladas en nuestro país son en movilidad (Carpoolear, Yaquevoy, Ecobici), hospedaje (Couchsurfing, Aluguest) y crowdfounding (NoblezaObliga, EventDoo). Otros muy interesantes son Afluenta, que realiza préstamos monetarios entre particulares y https://zolvers.com/, una plataforma de personal para tareas de limpieza y mantenimiento para el hogar y oficina. Pero todavía hay muchas áreas del consumo colaborativo por explotar. ¿Quién se anima a crear una plataforma como Tutellus, que conecta a profesores y alumnos a través de video-cursos?; o WeSmartPark, una red de parkings colaborativos low cost; o Socialcar, una plataforma de alquiler de coches entre particulares; o una red que nos permita compartir/alquilar patio para que los que vivimos en edificios podamos tener un pedacito de huerta en la ciudad (pónganle el nombre que quieran).

En Bahía Blanca, los grupos de Facebook Carpoling Bahia Blanca y No lo uso (lo querés) es tuyo están funcionando muy bien y, más recientemente, inició Ponte Vintage, un emprendimiento social de moda sustentable que realiza compra/venta de ropa usada.

Si conocen más plataformas en la ciudad, los invito a compartirlas. Para tener más información sobre Consumo colaborativo en Argentina pueden leer: http://elplanc.net/que-es-esto/

A modo de conclusión

Tenemos que ser conscientes de estas herramientas que tenemos a nuestro alcance. Ajustarlas a nuestras necesidades y abrirnos a ofrecer y compartir nuestro tiempo y recursos. Porque de eso se trata. Del famoso dar y recibir, pero a una escala con mucho más potencial.

Desde mis experiencias de consumo colaborativo, destaco los viajes en auto compartido, donde en 6hs pude conocer personas interesantes con experiencias de vida muy diferentes, que seguramente jamás hubiera conocido si no hubiera sido por esas horas que decidí compartir.

Si logramos instaurar la confianza como un valor esencial en las relaciones interpersonales podremos evolucionar hacia una sociedad más relajada, menos competitiva y sobre todo menos violenta. Abrir nuestros círculos de confianza nos da la oportunidad de conocer personas, lugares y actividades diferentes, fuera de nuestra “zona de confort”, que nos enriquecen, nos hacen aprender de otros puntos de vista y nos permiten llegar a vivir experiencias nuevas e inesperadas para los ambientes donde generalmente nos movemos.

—UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL A LAS PERSONAS QUE CONTESTARON LA ENCUESTA.

¡¡MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!!—

Antonella Cavallin

Antonella Cavallin

Emprendedora social (Incluser). Profe, ingeniera, deportista... y nunca se sabe qué más. Multifacética por naturaleza.

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