Un acertijo moral (resuelto con creatividad)

Un e-mail sospechoso me llevó a recordar un curioso acertijo moral sobre tres personas en una noche de tormenta. Un enigma de tintes filosóficos que puede resolverse con un poquito de creatividad.

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Hace unos días recibí en mi correo laboral un e-mail de una tal Tatyana, cirujana de Bryansk, Rusia que, al parecer, está en busca de su verdadero amor. Luego de un aluvión de argumentos sentimentales irrefutables (“la vida me ha quitado las chances de encontrar un compañero de vida a quien pueda amar”), ella me solicitaba hacer click en un sospechoso sitio para continuar nuestra conversación.

De más está decir que lo más probable es que ella no sea una refinada y educada chica rusa de la clase media real, sino más bien un clásico intento de pishing.

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Sin embargo, no todas las cadenas de e-mails vienen con malas intenciones. Hace muchos años recibí una que contenía un interesante acertijo moral con una enseñanza importante. Se trata de uno que, en realidad, nos habla sobre la creatividad y la necesidad de esforzarse al máximo para encontrar soluciones óptimas. Me pareció tan hermoso como simple.

Se los comparto, acompañándolo con una reflexión personal.

Tres personas en una noche de tormenta

Imagínense que conducen por la ruta en una noche tormentosa y horrible. Esas que están buenas para estar en casa comiendo tortas fritas y una buena chocolatada, y no manejando. Pasan por una parada de colectivo donde hay tres personas esperando:

  1. Una anciana que parece a punto de morir.
  2. Un viejo amigo que les salvó la vida una vez.
  3. El hombre o la mujer de sus sueños.

La idea es que ustedes pueden levantar a alguno de ellos, pero nada más que a uno. ¿A cuál llevarían y por qué? ¡Piensen su respuesta antes de seguir leyendo!

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¿… tan rápido pensaron? ¡Sin hacer trampa!


La ética en situaciones imposibles

Bueno, ahora sí.

El ejercicio plantea un dilema moral que, al parecer, se usa en algunas entrevistas de trabajo. En definitiva no es más que una variante del conocido dilema del tren, un experimento social y ético originalmente ideado por la filósofa británica Philippa Foot.

El experimento del tren presenta el siguiente interrogante: ¿Matarías a una persona si, consecuentemente, sirviera para salvar a cinco?

El dilema original se refiere a un tren que se acerca a gran velocidad por una vía y está fuera de control. A metros de esa misma vía se encuentran cinco personas atadas por un asesino en serie, sin posibilidad de escapar. Pero vos estás ahí, a un lado de la vía, y tenés la posibilidad de accionar un botón que cambia la dirección del tren a una vía diferente. El problema es que en esa otra vía también hay una persona atada por el mismo psicópata. ¿Pulsarías ese botón?

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Llevado al extremo, ¿qué sucedería si, en lugar de cinco personas en peligro, fueran cien, doscientas, miles, el mundo entero?

Estamos ante dos posibles respuestas inmediatas: accionar el botón y salvar a cinco personas a cambio de la muerte de una, o no accionar el botón, con lo que morirán las cinco personas salvándose la que se encuentra en la otra vía.

Si accionamos el botón no hay duda de que salvamos a cinco personas (es decir, una mayor cantidad de vidas) pero por el camino habrá muerto una persona debido a nuestra (no) decisión. ¿Cómo se mide una vida? ¿Se puede medir realmente? ¿Hay una respuesta correcta a este problema?

La creativa solución al acertijo moral

Afortunadamente, el problema de las tres personas en la noche de tormenta sí tiene una solución provechosa, que fue la que daba la cadena que recibí.

La solución al acertijo moral está en pensar de forma lateral, fuera de la lógica convencional, hacer un esfuerzo por llegar más allá de lo que nos pide el ejercicio.

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Veamos: el cielo se está cayendo y nosotros vamos solos en el auto. Sólo hay un lugar donde podríamos subir a una persona. La anciana, a punto de morir, podría necesitar cuidados médicos urgentes, aunque también le debemos la vida a aquel viejo amigo. Por otro lado, el hombre o mujer de nuestros sueños está ahí paradito/a, y podríamos no verlo/a nunca más. ¿Qué hacer entonces?

Una alternativa de solución: podemos darle las llaves del auto a nuestro viejo amigo y pedirle que lleve a la abuela al hospital. Nosotros podemos simplemente bajarnos del auto y esperar al colectivo bajo la lluvia, al lado de la persona de nuestros sueños.

Pensar más allá, pensar creativamente

Hay veces que simplemente tenemos que superar las aparentes limitaciones que nos plantean los problemas y aprender a pensar creativamente. Hay mucha gente que es creativa y de maneras muy distintas.

Ser creativo es lograr que las cosas funcionen (o las tareas se cumplan) de maneras poco convencionales, por diversos caminos, con distintos métodos. El problema es que, a medida que crecemos, la mayoría de nosotros aprendemos a inhibir la creatividad, por motivos relacionados con el trabajo, el comportamiento aceptable y ajustarnos a la idea de “ser un adulto”.

Los niños y bebés rara vez usan las cosas (o juguetes) de la manera en la que se supone que deban usarse. De hecho, es muy probable que los niños salgan con soluciones increíblemente creativas para el complicado dilema del tren.

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Para resolver este tipo de problemas suele ser importante “auto-engañarse” un poco, o como otros dicen, “creerse lo que uno hace”. El trabajo creativo es como ir a contra-corriente de lo que la mayoría cree y opina. Por eso, algún tipo de autoengaño resulta necesario, aunque sólo sea para poner manos a la obra. Se trata de empezar creyendo que aquello que uno propone va a salir bien, aunque (a la vez) haciendo un examen crítico y realista de la situación.

Hay autores que dicen: “Son las limitaciones las que en verdad causan de la inspiración”. Yo estoy totalmente de acuerdo. No es posible innovar con soluciones creativas si nunca hablamos con los demás, si no nos salimos de la zona del confort y del lugar común, si nos cerramos en respuestas preconcebidas.

Como en el acertijo moral de antes, para poder alcanzar una respuesta diferente (y muchas veces mejor) uno necesita encontrarse con desafíos que lo pongan realmente a prueba. Y es que, al final del día, la creatividad tiene más que ver con una nueva visión que con una nueva manera de hacer las cosas.

Luciano Sívori

Luciano Sívori

Ingeniero y escritor. Amante de los viajes, la literatura y el cine. Había uno mejor, pero era carísimo.

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1 Respuesta

  1. Luciana dice:

    Muy bueno!

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