Acabar, ¿es el placer supremo?

Acabar, terminar, finalizar; parece ser lo único que genera satisfacción en las personas. ¿Llegar a la meta es lo único que importa? Ni hablar de llegar primeros… ¿Por qué somos tan resultadistas? ¿Hay otra forma de disfrutar nuestras actividades?

-Antes de empezar, si sos de los -o las- que tienen la idea sexual fija, este artículo no trata sobre el acto sexual de acabar (aunque el título sea un poco capcioso😛) –

Es muy interesante analizar la felicidad que genera terminar la escuela, terminar la universidad, lograr un ascenso laboral u obtener algún reconocimiento. Pocos conozco que se hayan sentido triste al terminar la escuela, y prácticamente ninguno que se haya sentido así al recibirse de una carrera y dejar la Universidad. Nadie discute que son logros alcanzados y súper valorables, pero la cuestión a analizar es si eso es lo único que nos importa. ¿Qué pasa con el famoso “camino”? ¿Es admisible que tengamos que sufrir el camino para llegar a conseguir algo? La clásica pregunta: ¿el fin justifica los medios? O en el caso de que el proceso no sea necesariamente sufrible, ¿sabemos valorarlo o somos una sociedad resultadista que solo considera el resultado final o que sólo vive para el mañana?

El ejemplo más concreto es analizar una típica semana de tu vida*:

  • Lunes a viernes a la tarde: días de clases, trabajo, producción: Días de “sufrimiento”.
  • Viernes a la noche a domingo**: días improductivos, de ocio: Días de “felicidad”.

*Obviamente, es análogo para los que trabajen en otros días, o en turnos rotativos.

**Para algunos el domingo no entra en la mencionada categoría, ya que tiene su parte negativa: al otro día es lunes.

Y es así como se nos pasan las semanas, en un triste 5×2, planeando y esperando el fin de semana para hacer actividades que nos gusten (salir, dormir, mirar una película, comer de más, etc). Pero, ¿por qué es así? La respuesta general y rápida es algo así como: “En la semana tengo obligaciones que cumplir y no tengo tiempo para nada más”. De esa frase se desprenden dos cuestiones: 1. Las obligaciones de la semana son una carga que no te genera mucha satisfacción y 2. Esas obligaciones son  inmodificables e inamovibles, y me animo a decir que en la mayoría de los casos, nosotros las elegimos hacer. Conclusión: pasas más tiempo de tu vida padeciendo que disfrutando o, dicho de otra forma, pasas más tiempo planeando y deseando estar haciendo algo que te haga sentir mejor que el tiempo que te sentís mejor.

Lo que pienso es que, suponiendo que esas obligaciones son tan inamovibles como decimos, también podemos agregarle disfrute a esas actividades. Sería como un cambio de actitud a favor de nosotros mismos.

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Máquina = Obligaciones inamovibles e inmodificables a las que elegimos someternos.

Y si hablamos de disfrutar, y darle más valor al día a día, hablamos de Carpe Diem. Expresión muy utilizada últimamente, pero que viene desde la Edad Media, de una tal poeta romano, Horacio. La traducción del Latin es “cosecha el día”, y en realidad, la frase completa de Horacio era “carpe diem quam mínimum crédula postero”: “Aprovecha cada día, no te confíes del mañana”. La expresión nos dice que no dejemos pasar el tiempo, que disfrutemos del presente sin pensar que lo mejor está por venir y porque no sabemos qué va a pasar mañana (“vivir cada dia como si fuera el ultimo”).

Si bien últimamente Carpe Diem (y sus derivados) es una expresión muy utilizada y vivenciada por muchas personas, es de esperar que muchos no estén de acuerdo con su mensaje. Se basan en que es una irresponsabilidad el dedicarse sólo a vivir el presente sin pensar en el futuro, sin establecer un seguro para que la vida dentro de unos años sea tranquila y no tengan complicaciones. Considero que lo óptimo e ideal es encontrar el equilibrio de cada uno.

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Nada más gráfico que escribir Carpe Diem en la arena, donde en unos pocos minutos una ola lo borra o el viento lo vuela….

Carpe Diem como tendencia generacional

Como mencioné anteriormente, ya en la edad media se habían dado cuenta de que el tiempo se les pasaba y no “cosechaban el día”. Sin embargo, si analizamos las últimas décadas, pareciera que la importancia de vivir de forma Carpe Diem ha resurgido en los últimos 20 años. O por lo menos así lo veo yo, al comparar mi generación (y la siguiente) con las anteriores. En cuestión de definiciones (varían según el autor), hablo de la Generación X (nacidos entre 1965-1981, Douglas Coupland, 1991), Generación Y (1982-1994) y Generación Z (1995- actualidad). Cada una influenciada por acontecimientos, novedades y tendencias de su época, que hicieron (y hacen) que las personas que las componen presenten características en común. Voy a enfocarmeenla GX y la GY, por tratarse de las actuales generaciones jóvenes-adultas. ¿Cómo convivimos con las diferencias generacionales respecto al “ideal” estilo de vida? ¿Somos empáticos con nuestros antecesores y/o descendientes?

Basándome en un informe de Lombardia, P (2008) (entre otros artículos consultados), la historia, el contexto y- por supuesto- los padres de los generación Y han permitido que estos últimos puedan experimentar una vida más abierta o globalizada: viajar por el mundo, lograr niveles de formación más elevados, acceder a libros, artes y música de todo el mundo, realizar el o los deportes que tengan ganas, etc. El artículo destaca que:

Los jóvenes de la GY se sienten preparados y su capacidad de sorpresa es más bien pequeña: han visto muchas cosas y muchas transformaciones que han dejado a sus padres con la boca abierta, pero ellos están en buena medida inmunizados ante los cambios. No es aversión al cambio, es puro acostumbramiento. Por el entorno en el que han crecido, son personas con iniciativa, con una gran capacidad para resolver problemas, y su estado mental ante la generación de alternativas y ante los retos suele ser de “¿por qué no?”. Se desenvuelven bien en entornos creativos, donde sus iniciativas pueden dar fruto y donde sus esfuerzos individuales por lograr objetivos sean reconocidos. La calidad de vida es lo que tiene prioridad”

Tal vez, es por todo eso que la GY (mi generación) priorice el Carpe Diem, el vivir el día a día sin preocuparse tanto por el futuro. Eso no quiere decir que este no nos importe, sino que confiamos en que si vivimos felices nuestros días presentes, el resultado solo pueden ser más días felices para el futuro. Y al mismo tiempo, no tenemos miedo de enfrentarnos a un futuro incierto, que demande cambios o que se presente con sorpresas inesperadas.

No hay duda de que cada diferencia generacional se marca de forma exclusiva. La generación anterior establece el camino para el siguiente. Por supuesto, estas diferencias pueden generar conflictos o roces. Lo mismo si se espera que una generación conforme a la otra; utopía que seguramente haría que nuestras relaciones sean menos complicadas, pero -claramente-no es la realidad. La realidad es que las diferencias generacionales deben ser aceptadas y respetadas.

Propuesta para la próxima semana

Mi propuesta es que no tengamos semanas tan aburridas. Seamos felices un lunes. Comamos un asado un martes. Durmamos hasta tarde un miércoles. Hagamos el amor todo el jueves. Miremos una serie completa el viernes. Y el sábado y domingo planifiquemos esa misma vida para la próxima semana.

Informe: Lombardía, P. G., Stein, G., & Pin, J. R. (2008). Politicas para dirigir a los nuevos profesionales–motivaciones y valores de la generacion Y. Documento de investigación. DI-753.

Antonella Cavallin

Antonella Cavallin

Emprendedora social (Incluser). Profe, ingeniera, deportista... y nunca se sabe qué más. Multifacética por naturaleza.

1 Respuesta

  1. Anónimo dice:

    Para reflexionar; todo es muy cierto…pero en la vida diaria hay muchas cosas q no se pueden detener…Se hace muy difícil…aunque queramos!!
    Igualmente hay que ponerlo en practica!!
    Felicitaciones por el Articulo!!-

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