Meter un cambio (o cómo dejé de preocuparme y amé al mundo)

Sólo un tonto puede esperar obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Algo así capaz lo dijo Einstein, o quizás fue el almacenero que me regalaba caramelos antes de rendir un examen en la Universidad. Lo que importa es que esas palabras tienen un verdadero sentido para mí, y para lo que quiero contar en este espacio.

Me llamo Nery Pardal, tengo casi 34 años, y hace casi un año que estoy viajando con mi mochila alrededor del mundo, y sin fecha de regreso ni nada que se le asemeje en el corto plazo. Y hoy que tengo la oportunidad, como cada vez que se me presenta, quiero contar una historia de lo aprendido en el camino.

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Reflejos del pasado

Hace un par de semanas estábamos con Lore (mi pareja) viajando por Turquía, pasando los últimos días en Estambul, su hermosa capital. Por cosas de la vida (quizás un poco de magia) terminamos en el departamento de una pareja local, los dos en sus treinta, y ella festejando su cumpleaños. La única persona que conocíamos en la fiesta aún no había llegado, pero como buenos anfitriones, ambos, tanto ella como él, se vinieron a sentar con nosotros a conversar un poco.

Cuando quisimos saber nosotros de ellos, él me comentó que estaba aprendiendo español porque planeaban un viaje a Sudamérica. A partir de ese momento, y por el resto de la conversación, esta persona se convirtió en un espejo de mi pasado.

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Trabajaba para una petrolera, lo que le daba una buena situación económica. Sin embargo, ninguno de los dos sentía que lo que estaban haciendo tenía algún sentido, más aún desde que los trasladaron desde el sur del país a la capital, y a la vida de un hermético departamento. Dijo otras cosas también. Que su sueño era vender todo, irse a viajar por Sudamérica en bicicleta, descubrir otra forma de vivir, más verdadera. Más significativa.

Brindar por once meses

Para ese entonces yo ya llevaba once meses lejos de cualquier oficina, pero me era imposible no verme reflejado en él y en lo que le pasaba. Por sobre todo, me sirvió para verme a mí, a nosotros, hoy y ahora. Lo confieso, inflando el pecho, no pude evitar sonreírme un poco y brindar en mis adentros por lo vivido.

Y es que aunque once meses no parecen mucho, para mí lo fueron todo. Pienso en las personas que conocí, extraños todos, de idiomas y culturas diversas, y de los que me despedí con los abrazos más fuertes y sinceros. Pienso en los lugares que visité, del hombre y de la naturaleza, y que me hicieron comprender que a veces contemplar un paisaje en silencio vale mucho más que una selfie para el face. Reflexiono sobre los momentos y aprendizajes que tuve, lecciones brindadas por ajenos y por mí mismo.

Pienso en eso y en mucho más. ¡Nada más que once meses! En el mar y en el desierto, con nieve o rodeado de flores, solos o con gente, once inolvidables meses.

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Y hay días en que intento recordar cómo eran once meses en la oficina, en la rutina de lunes a viernes, en las esperadas dos o tres semanas de vacaciones al año, para darse una “escapada” y hacer por quince días lo que te gustaría hacer mucho más tiempo, para luego volver a la misma rutina. (¡Y esto aclarando que me gustaba lo que hacía como profesión!).

No pienses de más

Ciertamente, irnos de viaje fue la mejor decisión tomada, no solo para salir a descubrir el mundo, sino también para descubrirnos a nosotros mismos. Para aprender, cuestionar y contradecirnos, y entender quiénes somos también.

El mundo está lleno de magia, con sus personas, momentos y lugares. Pero si te pasas la vida ocupado en repetir tu rutina, puede que te la pierdas. Meter un cambio es un poco eso.

Por eso, si andas ganas de viajar, no importa si es al otro lado del mundo o dentro del país (quizás te sorprendas de lo que podes llegar a vivir un par de provincias de distancia), no lo planees tanto. Dejate llevar. Un pasaje y un bolso hecho logran mucho más que todos los “algún día” que dijiste mientras mirabas una foto de otro que sí lo hizo.

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Y si todavía tenés dudas, escribime. Te voy a responder en lo que pueda, lo único que pido a cambio es una foto del día en que la mochila esté lista para salir.

Es como canta Calle 13:

La renta, el sueldo
El trabajo en la oficina
Lo cambié por las estrellas
Y por huertos de harina
Me escapé de la rutina
Para pilotear mi viaje
Por que el cubo en el que vivía
Se convirtió en paisaje
¡Yo!, era un objeto
Esperando a ser ceniza
Un día decidí
Hacerle caso a la brisa

Por Nery Pardal


Nery ahora se define como un viajante sin rumbo antes que cualquier otra cosa. Lleva una bitácora de viaje a través de su cuenta de Instagram Como La Tera al Toro. También pueden leer las notas que le hicieron La Nueva Provincia (link) y el Seminario Reflejos (link). Colaboró con Nussocial con esta nota porque es un copado y se la banca.

¿Tenés ganas de escribir para Nussocial? Si te pica el bichito de la escritura, o si, como Nery, querés meter un cambio y tenés algo para decir, no lo pienses demasiado. ¡Contactanos a la fanpage para coordinarlo!

Luciano Sívori

Luciano Sívori

Ingeniero y escritor. Amante de los viajes, la literatura y el cine. Había uno mejor, pero era carísimo.

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