Tomarse de la mano: una forma de extender el alma

El poeta Miguel Hernández define a la íntima conexión de tomarse de la mano como “una extensión del alma”. Para la pediatra Tiffany Field, generamos una conexión neuronal más allá delo superficial: el contacto físico representa la primera forma (y la no verbal por excelencia) de comunicación. ¿Cuánto hay de mágico, de científico y de emocional en lo percibido a través del tacto?

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Tomarse de la mano: ¿un acto inútil?

Cuando comencé a salir con mi primera novia (hoy, mi primer ex) me sorprendí al descubrir que no le gustaba sostener mi mano al pasear por la calle. En mi cabeza, tomarse de la mano era una forma más de sentir la presencia del otro, confirmar –con aquel vaivén pendular suave y callado–su inigualable existencia, romper el vacío, crear un puente… Para ella era incómodo, poco práctico.Inútil.

Así decía ella: “Tomarse de la mano es inútil”. Como si toda acción que realizáramos en nuestra vida tuviera que tener un propósito, servir para algo…  ¿No es también el arte –como decía Oscar Wilde–completamente inútil, en el sentido que no tiene una razón práctica para existir realmente?

¿Hace eso que el arte sea menos importante para el hombre?

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Yo creo que sostener la mano del otro –y no necesariamente de tu pareja– tiene mucho de arte. Conmueve, moviliza, zamarrea. No pide “porqués”, no los precisa. Se siente bien porque, justamente, rompe con esa faceta utilitaria que tendemos a buscar en todo fenómeno, acción y entidad.

Entre otras (muchas) cosas, el contacto reduce el estrés, el ritmo cardíaco y la presión sanguínea. Al reducir el estrés, disminuyen los niveles de cortisol, una hormona que empeora nuestra memoria y suprime nuestro sistema inmunológico. Es por esto que existe una vinculación directa entre bienestar y recibir abrazos.

La exquisita complejidad del tacto

La riqueza del tacto se debe, pura y exclusivamente, a su grandiosa complejidad.

Bajo nuestra piel hay todo un despliegue de receptores nerviosos que nos permiten reconocer la velocidad con la que nos tocan, la temperatura, la dureza o suavidad e incluso la distinción entre dolor y caricia. Este abanico de sensaciones activa diferentes secciones de nuestro cerebro que nos hacen sentirnos más o menos cómodos, aliviados, enojados, tranquilos o doloridos.

Tal es la importancia del tacto para nuestro bienestar que su ausencia durante la infancia puede dejar secuelas para el resto de la vida. Casos médicos han documentado por años los efectos que la falta de cuidado parental tiene en los niños: ausencia de expresiones faciales, mutismo, rechazo social y altos niveles de estrés.

Literalmente, la falta de contacto físico durante la primera infancia puede llegar a crear una sociedad quebrada.

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De nuestros cinco sentidos, el tacto es el primero que se desarrolla plenamente cuando somos bebés, y mantiene un rol protagónico para guiar a las emociones durante el resto de nuestras vidas.

Hoy sabemos algo que los primeros psicólogos desconocían por completo: el tacto frecuente y cariñoso es indispensable a una buena salud mental; seamos bebés recién nacidos, niños pequeños o adultos conscientes.

La dosis de cada día

Tiffany Field es pediatra especialista en desarrollo infantil. Además de dirigir un instituto de investigación sobre el tacto, ha escrito libros sobre la importancia de tomarse de la mano. En Touch (2014, Bradford Book) analiza por qué necesitamos de nuestra dosis diaria de contacto físico.

El contacto físico, explica, es la primera forma en la que aprendemos a comunicarnos. Es la comunicación no verbal por excelencia.

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En uno de sus tantos estudios encontró –luego de observar a casi 50 culturas diferentes– que aquellas en las que el afecto hacia los pequeños se demostraba menos físicamente, tenían niveles significativamente más altos de violencia entre adultos, y viceversa.

Cuando hablamos de agarrarse la mano con una persona que nos agrada, es una demostración pública de afecto por sobre cualquier otra cosa. Curiosamente (hablando específicamente de las parejas) hoy parece que tomarse de la mano es un acto mucho más privado e íntimo que la relación sexual en sí misma.

Asumimos que quienes van de la mano ya han culminado todo tipo de acto sexual y ahora sienten la confianza, las ganas y –me animo a agregar– la imperiosa necesidad de no soltar al otro, de no dejarlo ir.

Y en cuanto a lazos familiares se refieren, yo nunca he sido tan feliz (ni he estado tan orgulloso) como cuando mi propio hijo de año y medio me pidió mi mano para caminar juntos por el sendero del parque.

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Palabras finales

A lo mejor, tomarse de la mano es una forma de extender las almas, como reza el poeta español Miguel Hernández en su lírica. Quizás las manos son un diálogo del cuerpo que conecta y nos permite sentir, según dictan los versos de Esther Seligson.

Como sea, dar la mano a un desconocido, a nuestros padres, a nuestros hijos, a quien elegimos para compartir la vida, en la calle, en la cama, en el trabajo, es una fusión de dos almas que se unen como una sola para recorrer los desafíos que presenta este caótico mundo… aunque sea por un instante.

¿Qué opinás sobre tomarse de la mano como terapia de contacto? ¡Podés dejarnos tus comentarios!

Luciano Sívori

Luciano Sívori

Ingeniero y escritor. Amante de los viajes, la literatura y el cine. Había uno mejor, pero era carísimo.

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3 Respuestas

  1. Anónimo dice:

    Es estar en un dialogo silencioso con el otro.
    Es percibir su intimidad
    Es compartir pulsaciones

  2. Anónimo dice:

    Tomo la mano de mi marido en la cama…no se bien porque…tal vez como comunicacion de me gusta tu compania.

  3. Anónimo dice:

    Tomarse de la mano es compartir humanamente sentimientos generosos sin egoísmo ni intereses

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